Estatuto de Autonomía

 para Galicia

Celso Montero Rodríguez

1-RESÚMEN  SECUENCIAL  DEL  PROCESO  ESTATUTARIO     

     Si queremos tener un resumen secuencial del proceso de elaboración del Estatuto de  Autonomía para Galicia, hay que distiguir al menos dos etapas y niveles de trabajo. Yo voy a fijarme en esta exposición sobre todo en aquellos aspectos en que me correspondió llevar un cierto protagonismo, bien por ocupar cargos en la Xunta preautonómica de Galicia (al principio secretario de la Asamblea de Parlamentarios de Galicia y luego como consellerio de Traballo de la primera Xunta); o por la intensidad con que me fue posible observar este proceso desde dentro.

         Me haré eco igualmente de cierto aspectos que todavía no se han dicho ni escrito por nadie en público y, a mi juicio, va siendo ya tiempo de que comienzen ha darse a conocer, sobre todo a nivel universitario como es el que hoy se nos presenta.

         La primera etapa se caracterizó por la libre aportación de ideas por parte de los grupos más activos de la sociedad, respondiendo al llamamiento efectuado el día 3 de julio de 1978 por el presidente de la Xunta preautonómica, Antonio Rosón Pérez. En esta etapa son invitados a colaborar grupos políticos (incluidos los que no habían conseguido representación parlamentaria en las primeras elecciones generales de 15 de junio de 1977). Son objeto de idéntica invitación las entidades culturales, intelectuales, sociedades de emigrantes y, en general, cuantas crean tener algo que aportar. (Recuerdo que en una de estas jornadas de trabajo organizadas en esta etapa de aportaciones por nuestro partido, coincidí de nuevo con el vigoroso poeta Celso Emilio Ferreiro, ya militante de PSOE y que en las primeras elecciones había sido compañero mío de candidatura (la Candidatura Democrática Galega para o Senado) propuesto por el PSG. Y permítanme tener también un recuerdo de amistad y aprecio para el que igualmente fue compañero nuestro de candidatura, pero a propuesta del MC, Jesús Docampo Mosquera, ahora ya fallecido hace algunos meses.

El 16 de diciembre del mismo año 1980 la Asamblea de Parlamentarios Gallegos examinó las aportaciones recibidas de unos y otros, y determinó designar a un grupo de 16 personas, con le encargo de que estudiasen y sistematizasen más a fondo el material acopiado y procurasen elaborar un primer proyecto de Estatuto. Este sería conocido desde entonces  como “Grupo de los 16”.            

         Este grupo de trabajo tomó como materiales básico seis anteproyectos autonómicos presentados por diversos partidos políticos, así como aportaciones parciales de diversas entidades. Los partidos que presentaron anteproyectos fueron el PCG, el PTG, el POG, el PSdeG-PSOE, el PG y AP. El “Grupo de los 16” concluyó sus trabajos el  7 de abril de 1979. Entregado este anteproyecto, fue estudiado por la Asamblea de Parlamentarios Gallegos. Ésta acordó el 5 de mayo de 1979 constituir una    Ponencia integrada por  9 parlamentarios: 6 de  UCD, 2 del PSOE y 1  de  CD ( Coalición Democrática, nombre que había adoptado por entonces AP) . A esta Ponencia le encomendó redactar cuanto antes  el  anteproyecto  Estatuto. Antes había rechazado aceptar la propuesta del  PSdeG-PSOE de asumir íntegro el anteproyecto del  “Grupo de los 16”, que la Asamblea se limitó a calificar como “excelente instrumento de trabajo”.

         Como se ve, la UCD no parecía sentirse segura sin reservarse para sí

sí los dos tercios de puestos en la Ponencia: 6 de un total de 9.                  

         El 25 de junio de 1979 la Asamblea de Parlamentarios dio su aprobación al proyecto de la Ponencia. Aprobación que se produjo por unanimidad, salvo en la cuestión de las sedes de las instituciones autonómicas y en la de las competencias en materia penitenciaria. En cuanto a la fijación de las sedes se presentaron dos propuestas. Por una de ellas, que obtuvo 21 votos a favor, fijaba provisionalmente la sede de Xunta en A Coruña y la del Parlamento en Santiago. Como es sabido el problema de las sedes dividía principalmente en el interior de su propio partido a los parlamentarios de La Coruña, interesados una parte de ellos en ganarse el voto llamado “coruñesista”. Y el PSdeG-PSOE llegaría a vivir de forma especialmente sensible este problema cuando su secretario general, Paco Vázquez, decidió incluso dimitir de su cargo por esta cuestión abocándonos a un congreso extraordinario para elegir una nueva  Ejecutiva.

 

         2- LA FASE PARLAMENTARIA            

            El 28 de junio de 1979, el proyecto ya aprobado de Estatuto fue presentado al presidente de las Cortes. Se eligió esta fecha para que coincidiera con el aniversario de la aprobación por referéndum del Estatuto Gallego de 1936. Publicado en el Boletín Oficial de las Cortes el 20 de julio del mismo año, el día 4 de septiembre el texto del proyecto fue remitido a la Comisión Constitucional para su tramitación. Abierto el plazo de presentación de enmiendas que terminaría el 21 del mismo mes, en ese breve periodo de tiempo se presentaron 393 enmiendas.

         Bajo la presidencia del diputado valenciano de UCD Emilio Attard, presidente de la Comisión Constitucional y de Libertades Públicas del Congreso, el 25 de septiembre se procedió a designar una ponencia encargada de estudiar el proyecto. La Ponencia estaba formada por 13 miembros de la Comisión Constitucional y otros 13 designados por la Asamblea de Parlamentarios Gallegos. Del total de setos 26 miembros, 11 pertenecían a UCD, 7 al PSOE, 3 a CD (antes AP), 1 al PCE, 1 al PNV, 1 a Minoría Catalana, 1 al Partido Socialista Andaluz y al Grupo Mixto. La Ponencia elaboró un informe que fue publicado en el Boletín Oficial de las Cortes el 15 de noviembre de 1979. Hasta aquí, todo normal en cuanto a la tramitación parlamentaria.

 

         3- LA SUBREPTICIA CLÁUSULA DEL “ALDRAXE”                

            Los días 20 y 21 de noviembre eran las fechas en que debían ser discutidos el proyecto de la Ponencia en el seno de la Comisión Constitucional del Congreso con la colaboración de la Asamblea de Parlamentarios Gallegos. Pero durante sus 5 días intermedios sucedió un hecho grave que pudo haber dado al traste con todo el proceso estatutario. Una mano subrepticia introdujo una cláusula que no constaba en el texto elaborado por la Ponencia.

         Consistía en un apartado 2 de la disposición transitoria 3 y su texto literal era el siguiente:

         “ En aquellas competencias que recaen sobre materias que, de acuerdo con la Constitución y en el presente Estatuto son objeto también de competencias estatales, se estará a la delimitación que de estas hagan las Cortes Generales mediante ley. Mientras dicha delimitación no se realice, y a reserva de lo que la misma disponga, la comisión mixta podrá acordar la determinación de las facultades que corresponden a la Comunidad Autónoma sobrematerias específicas de interés para la misma y sin perjuicio de lo dispuesto en le artículo 87.2 de la Constitución”.

         Leído con detención, este farragoso apartado dejaba la exclusiva potestad de legislar y delimitar las competencias compartidas en mano de las Cortes Generales, sin que para nada pudiese intervenir en ello la Comunidad Autónoma. Y esto, por tiempo indefinido. Lo único que podría hacer el Parlamento Gallego respecto de estas materias sería lo previsto en el apartado 2 del artículo 87 de las Constitución, cuyo texto es el siguiente:

         “Las Asambleas de las Comunidades Autónomas podrán solicitar del Gobierno la adopción de un proyecto de ley o remitir a la mesa del Congreso una proposición de ley delegando ante dicha Cámara un máximo de tres miembros de la Asamblea encargados de su defensa”.

         Este texto suponía para Galicia una reducción sustancial de los poderes de autogobierno, en comparación con lo que ya se había reconocido a catalanes y vascos. Implicaba en este sentido un verdadero y gravísimo agravio comparativo (“aldraxe”) con respecto a las demás nacionalidades históricas.

         Puñalada tan trapera se intentó vendérnosla a los socialistas gallegos diciéndonos (eso sí, siempre con la boca pequeña) que era un texto conocido por Alfonso Guerra y acordado con él. Nunca se nos dijo cual era la mano todopoderosa que impunemente había introducido ese texto de la discordia, haciendo imposible todo consenso. Aunque todos teníamos razones para suponer que la imposición procedía de los más altos niveles de UCD con la complicidad al menos de una parte de sus parlamentarios gallegos.

         Como no podría ser de otra manera, el proyecto resultante fue aprobado con solo los votos de UCD, tanto los de la comisión constitucional como de la Asamblea de Parlamentarios. Los representantes de Minoría Catalana, PNV y CD (partido de Fraga) se ausentaron antes de votar. Socialistas, comunistas y andalucistas votaron en contra. 

            Las discusiones en la Comisión Constitucional fueron de lo mas agrio y duraron prácticamente toda la noche. A mi personalmente me tocó, de una parte tomar la palabra cada vez que los compañeros socialistas me encargaron este cometido. De otra parte, atender a la prensa como secretario de Prensa que era en nuestra Ejecutiva Nacional Gallega. La prensa, sobre todo la de Galicia, permaneció prácticamente toda la noche en vela; las emisoras de radio, hasta el amanecer. El método que seguí para no tener que improvisar o verme obligado a hallarme medio adormilado, fue el siguiente. Cada vez que escuchaba en la sala de reuniones de la Comisión algo que previa iba a constituir noticia, redactaba inmediatamente un papelito con la información de más impacto. Por unos medios u otros, fui llamado creo que más de 20 veces sobre todo por emisoras de radio. Los compañeros del partido en Galicia, muchos de ellos estuvieron también en vela prácticamente toda la noche, y un grupo salieron por la mañana a esperarnos en el aeropuerto de Lavacolla. Recuerdo la convicción con que saludó y me felicitó uno de ellos, concretamente Tito Carro Fernández Valmayor: “mi más cordial enhorabuena Celso. Con tus comunicados por radio has puesto al partido en pie ... “.

         La ruptura del consenso estatutario había quedado consumada. Ahora bien, la lucha por recuperar un texto de Estatuto digno habría de prosegirse. A través de la prensa, de los manifiesto a de intelectuales y colectivos diversos; de reuniones privadas entre los representantes más razonables de cada partido. Por medio de manifestaciones en la calle ...

            El 14 de diciembre de 1979 se publica el dictamen así emitido en el Boletín Oficial de las Cortes. Pero ante la reacción frontalmente contraria de las fuerzas más vivas del pueblo gallego, se produjo una paralización en la tramitación parlamentaria. Dos declaraciones públicas del más alto nivel tienen lugar a comienzos de 1980. Una del presidente Adolfo Suárez y otra del líder máximo de la oposición Felipe González, con motivo de la moción de censura presentada por los socialistas al Gobierno. en ambas se insinuaba la predisposición a buscar una nueva salida consensuada para el Estatuto gallego. Todo ello, unido a la incesante presión popular y en convergencia con las llamadas a reconducir la situación por parte de personalidades y dirigentes políticos, condujeron al llamado “Pacto del Hostal”, firmado el 29 de septiembre de 1980 y aprobado por la Asamblea de Parlamentarios Gallegos el 1 de octubre del mismo año. La rapidez con que ahora se caminaba en el sentido correcto tendía a recuperar, en lo posible, el tiempo perdido.

            Así, en escrito del mismo 3 de octubre, el presidente de la Asamblea de Parlamentarios de Galicia se dirigía al presidente de las Cortes remitiendo el nuevo acuerdo aprobado en el “Pacto del Hostal” y solicitando fuesen nuevamente convocadas la Comisión Constitucional y la de Delegación de la Asamblea de Parlamentarios para debate y aprobación, en su caso, del nuevo texto corregido.

            De ser aprobado el nuevo texto, debería asimismo comunicársele al Gobierno para que interrumpiese el trámite del referendum pendiente. En sesión corriente celebrada el 22 de octubre, la Comisión Constitucional acordó reconsiderar los aspectos rectificados del proyecto de Estatuto, aprobándolos en los términos acordados por la Asamblea de Parlamentarios de Galicia. Acuerdo que es publicado en el Boletín Oficial de las Cortes el día 4 de noviembre. En sesión conjunta de 29 de octubre, la Comisión Constitucional y la delegación de Parlamenterios de Galicia aprueban por unanimidad las modificaciones acordadas. El nuevo texto del proyecto de Estatuto para Galicia es publicado en el Boletín Oficial de las Cortes el 4 de noviembre de 1980. Un Real Decreto del 7 de noviembre convoca el referendum de aprobación del Proyecto de Estatuto para el día 21 de diciembre del mismo año. El texto refrendado por el pueblo gallego es ratificado por el Congreso de los Diputados el 17 de febrero de 1981. Un mes más tarde es ratificado por el Senado. Es promulgado como Ley Orgánica 1/1981, de 6 de abril.

 

         4- EL MÁS POLEMIZADO Y EL MENOS VOTADO                   

         La gestación de nuestro Estatuto fue probablemente la más controvertida de toda España, con excepción quizá del de Andalucía. Pero su nacimiento fue, con mucha diferencia, el que contó con menos refrendo popular. En total, solo resultó apoyado en la urnas por el 20,7 por ciento de los gallegos con derecho a voto. De los 2.172.989 gallegos que componían el censo electoral, solo concurrieron a votar 614.218, es decir el 28,2 %. El otro 71,8 % se abstuvieron de acudir a las urnas. Y de ese menos de un tercio de gallegos que votaron 450.556 (equivalente al 73,3 %) lo hicieron a favor del Estatuto y 121.448 (19,7 %) se pronunciaron en contra.

         Pese a todo como los votos a favor fueron más que los votos en contra y los que no votan no cuentan, el Estatuto quedó técnica y legalmente refrendado. ¿Qué fue lo que produjo tal divorcio entre un texto al fin por cuasi-consenso (recuperado) de los partidos políticos acabase viendo la luz con tan bajo apoyo popular expreso? (sólo el BNG hizo campaña en contra, pues esta formación política, entonces poco numerosa, rechazaba la autonomía y propugnaba la independencia).

 

         5- PÉSIMA PEDAGOGÍA POLÍTICA

      El entonces presidente de la Xunta preatonómica, José Quiroga Suárez, que había sucedido en este cargo a Antonio Rosón Pérez, suele explicar a su manera tal fenómeno con estas palabras: “El problema no fue el lema de la lluvia, sino que sólo lo votó UCD”. Con ello busca dar una versión que de una parte alude al tema de la campaña electoral e institucional puesta en circulación por la Xunta: “Ainda que chova, vota” (aunque llueva, vota). Y de otra parte culpar de los probísimos resultados a todos menos a UCD.

         Pero creo que tan polémica explicación, además de resultar imposible, está equivocada de plano. Resulta imposible porque aunque sólo fuese con los votos que entonces sacaba la UCD  gallega, ya resultarían muchos más que los refrendaron el Estatuto. Es por lo demás una versión totalmente inverosímil para quien conozca de qué modo estaba caldeado el ambiente a favor del Estatuto (en cualquier caso mucho más que en la derecha).

          Yo ya había dejado la consellería de la Xunta (queriendo simbolizar con ello, entre otras cosas, mi rechazo al comportamiento de UCD en la elaboración del Estatuto y dejar las manos libres a la dirección de mi partido para actuar en esta batalla). No me tocó por tanto llevar con gran protagonismo en la última etapa de la gestación estatutaria. Me limité pues a participar en la campaña del referendum colaborando con mi partido y según los medios de que disponíamos. Pero como observador habituado a los análisis políticos, los seguí intensamente. Y llegué muy pronto ala conclusión de que la principal causa del fracaso fue la pésima pedagogía aplicada por la clase política gallega en su conjunto. Desde que se constituyó primero la Asamblea de Parlamentarios de Galicia (octubre de 1977) y luego la Xunta Preatonómica de Galicia (marzo de 1978) hasta que el Estatuto fue sometido a referendum popular (21 de diciembre de 1980) y salió publicado como Ley Orgánica (6 de abril de 1981), transcurrieron tres largos años. En todo este tiempo, la sociedad gallega estuvo sometida a una intensa ducha escocesa más propicia a desconcertarla y aún indignarla que a prepararla para dar un referendum masivo. Ducha escocesa que en sus momentos más álgidos revestiría la forma de verdadera confrortación irreconciliable. Sobre todo desde el momento que en los conciliábulos madrileños de la UCD se tomó la decisión de descafeinar el texto.

         A alguno de estos conciliábulos se refiere seguramente el expresidente Leopoldo Calvo Sotelo cuando se lo cuenta de la forma que sigue a la periodista Victoria Priego:

         “ Las derrotas las sufrimos en Andalucía y en Galicia. En Galicia no debimos nunca perder la Xunta, estaba todo arreglado y bien arreglado. Aún recuerdo a Pío (Cabanillas), y me alegra que aparezca Pío en mi conversación, porque fue para mí un gran amigo y un gran colaborador y nos entendimos muy bien: el supo entender lo que yo tengo de raro que se mucho, y yo supe entender lo que él tenía de raro, que era mucho más. Decía que recuerdo el momento en que Pío, como siempre abriendo la puerta sin avisar, me dice: “ Una mala noticia. Meilán se ha puesto de acuerdo con Franqueira y el arreglo que teníamos- todo esto a tres días de las elecciones o algo así- se ha ido abajo porque van a votar a Quiroga. Total, que gana AP y perdemos por un escaño.” (Vid. “Presidentes” de Victoria Priego, pag 164-165). Se refiere sin duda a las primeras elecciones autonómicas celebradas en Galicia y a los amaños que los “barones” de UCD habrían urdido en Madrid para ganarlas. En realidad las ganó AP como partido más votado, sacando 26 diputados frente a los 24 que consiguió UCD.

         Pero un texto tan largamente debatido, defendido como óptimo por la UCD y atacado como pésimo por las demás fuerzas políticas no podía presentarse a los gallegos, casi de la noche a la mañana, como bueno y convincente para todos. Sin duda alguna nuestro pueblo vivió con gran desconcierto, o al menos con su consabido escepticismo, la llamada a votar en el referendum. De ahí que la gran mayoría tendiese a considerarlo ” cosa marrullera de políticos”, y se quedase en su casa como si nada importante para su vida se estuviese ventilando. Esta es, a mi juicio, la lección que debiéramos haber sacado los políticos: que con el pueblo no se puede jugar de sea manera.       

         De otra parte, un referendum a favor del cual están supuestamente todos o casi todos los partidos políticos tiende a darse por aprobado a priori. Tampoco suele abonarse a los partidos políticos dinero alguno oficial para campañas y movilización. La consecuencia es que nadie se moja a fondo como se hace en una campaña electoral. (Países cuya Constitución exige referendum para poder pasar a formar parte de la Unión Europea, los hemos visto recientemente quedarse fuera sin apenas darse cuenta a tiempo porque la gente no veía claro para que serviría ir a votar). Pues ese prejuicio según el cual “lo que es de todos no es de nadie” o el de que si esto es una cosa que merezca la pena preocuparse, que empiezen primero los demás por arrimar el hombro. Motivos de este tenor influyeron también sin duda en que la mayoría de los gallegos no se moviesen para refrendar el texto de su Estatuto de Autonomía.

 

         6- EL PELIGROSO JUEGO CORTOPLACISTA

         Nos hemos referido ya a la pésima pedagogía política con que el proyecto de Estatuto para Galicia fue presentado ante la opinión pública. Pedagogía que, en conjunto, no lo hacía creíble ante el pueblo. De ahí que mayoritariamente no lo fuese a refrendar con su voto.

         Creo conveniente decir asimismo dos palabras sobre la tentación tan frecuente entre los políticos de jugar sólo al corto plazo. De poner más esfuerzo en buscar lo que puede perjudicar al adversario que lo que puede acabar por beneficiarnos  a todos. Con frecuencia se centra el esfuerzo en hacer pagar caras las equivocaciones del adversario que en buscar el común denominador en que podamos encontrarnos todos.

         Es lo que se llama trabajar por el bien común.

         Eran ciertamente tiempos de dudas; cuando Martín Villa reducía el problema de las autonomías a si se les debía dar una satisfacción exclusivamente a catalanes y vascos o se debería repartir “café para todos”.

Pero eso tampoco impedía fijarse en el espíritu escasamente constructivo con que no pocos enfrentaban un problema de todos. ¿Qué es preferible: el derrumbar a Suárez esperando que se destruyese a sí mismo estrellándose contra un proyecto de estatuto mal enfocado, o dialogar con él hasta encontrar una salida airosa para todos?

         La anécdota que he contado sobre cómo refería Calvo Sotelo el chisme con que Pío Cabanillas fue a comunicarle sobre como jugaban con grandes problemas lo “barones” de UCD. Y eso, perteneciendo todos al mismo partido. Que si debían votar al grupo intrapartidario de Meilán Gil o al de Franqueira.Y eso refiriéndose a las elecciones de Galicia, de las que daban por supuesto que tenían “todo arreglado y bien arreglado”. Muchos de ellos nos hablaban de Suárez a nosotros como mirándolo por encima del hombro; como el bobo de la casa.

         Solo existe un problema de estado o dentro de un mismo partido político un enemigo mayor que los enemigos naturales: los que, sin ver más nada sólo saben jugar al corto placismo. Pues con las negociaciones referentes al Estatuto de Autonomía para Galicia se observaba también eso: los que están pensando mas en los votos coruñesistas o en los de su aldea, que quienes enfocaban el problema pensado en el bien general.

 

         7- UNA VERDADERA  ASIGNATURA PENDIENTE

         Pese a errores como el que ya hemos expuesto la valoración final del texto estatutario es que, al fin ha resultado ser un Estatuto útil y digno. Lo avala ya una experiencia suficientemente larga. Ha abierto cauces de diálogo en el Parlamento de Galicia y permitido crear instituciones tan prestigiadas como el Valedor do Pobo, entre otras.

         La verdadera asignatura pendiente que todavía le espera es mostrar en la práctica que es válido para que con él gobiernen a nivel autonómico las diversas fuerzas políticas que existen en Galicia : de la derecha, del centro y de la izquierda.

         Hasta ahora ha tenido ocasión de mostrar su virtualidad práctica casi solo con gobiernos de la derecha (la experiencia de González Laxe fue excesivamente breve y efímera). Sólo cuando Galicia esté dirigida durante periodos suficientes por gobiernos e instituciones de signo diferentes contaremos con la experiencia política necesaria para poder medir la calidad de fondo de nuestro Estatuto. Pues la uniformidad, cuando dura mucho, dígase lo que se diga, tiende a anquilosar y emprobecer. Por el contrario, la pluralidad y la alternancia tienden a desarrollar y a enriquecer.